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04/04/2011

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Humberto Ak'abal
Humberto Ak’abal
¿No es la muerte el último poema
El poeta guatemalteco más difundido hasta el momento, comparte algo de su vida literaria


En el diario italiano Corriere della Sera (8 de mayo de 2000) aparece un artículo titulado: “Las dos Américas al espejo”. Un subtitular, en medio de la foto de Álvaro Mutis y Humberto Ak’abal, dice: “El viejo blanco y refinado y el joven indio del área rural de Guatemala”. ¿Qué tiene ese poeta momosteco que ha despertado interés en círculos de más de 20 países y cuyos libros —para disgusto de algunos intelectuales de su propio país— han sido traducidos al alemán, italiano, sueco, francés, noruego, inglés, vietnamita y otras lenguas?
En octubre de este año será publicado, en árabe, su libro Guardián de la caída de agua (por Walid AlSwairki, editorial Grande Maire d'Amman). Ak’abal traduce su propia obra del k'iche' al castellano, o viceversa, tarea compleja que lo ha hecho reestructurar sus textos como si fuera, él mismo, dos poetas en uno. Su declinación en el 2003 al Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias le trajo severas críticas.
Su argumento: “Asturias fue racista en su tesis El problema social del indio (1922)”. Aun cuando se trata del poeta guatemalteco actual más traducido en el mundo, paisanos suyos antropólogos, sociólogos y escritores, sobre todo estos últimos, han querido minimizar sus logros y sólo ven en él a un buen promotor de su obra, a la que, por cierto, tildan de “simple”.
Acaso son tan sólo extraños “celos profesionales”, mas lo cierto es que este autor de decenas de libros se ha sentado a la mesa de lectura junto a poetas como Eduardo Galeano, en Austria; Ernesto Cardenal, en Venezuela; Mario Luzi, en Italia; Juan Luis Panero, en Perú; Gonzalo Rojas, en Italia, y sería ocioso continuar la lista.
Según usted, ¿para qué puede servir la poesía en esta sociedad guatemalteca, y en estos tiempos?
Guatemala vive un espejismo, porque, si bien es cierto que hay computadoras y celulares por todos lados, eso no significa que seamos un país altamente tecnificado, y, por otro lado, la contradicción: aún tenemos un alto índice de analfabetismo. Entre estos dos polos,
¿tiene un lugar la poesía, o puede servir de algo? Yo creo que sí, porque la poesía no es un producto de consumo de masas, ella es sutil y se aloja en el corazón de la persona más sencilla, así como en el corazón del encumbrado, porque, lo admitamos o no, la poesía es el aliento de la sensibilidad, la poesía la necesitan todos, incluso aquellos que reniegan de ella, se nace y se muere con ella: ¿no es la muerte el último poema de la vida? Hay una poesía que se disfruta leyéndola y hay otra que se lleva dentro del alma y no necesita palabras.
¿Estaría de acuerdo en que al poeta actual le hace falta grandes ambiciones poéticas y lo que más le interesa es publicar?
En cierto modo, tenés razón, porque por ahora no tenemos grandes nombres con propuestas que nos sacudan, y no se debe a que no se estén fermentando cosas, sino quizá se deba más bien a que hay que rebasar las emociones inmediatas, hace falta esa práctica del ejercicio de escribir. Pero, también, creo que contribuye ese desencanto mundial que provocan las llamadas potencias que han venido a mecanizar a la gente, la quieren meter a puro huevo en una camisa de fuerza, la quieren uniformar, hay muchas imposiciones que están ahogando la voz del espíritu. Sin embargo, creo que la poesía ambiciosa no ha muerto y de un momento a otro alzará su voz.
¿Cuál es su opinión sobre torneos literarios, festivales de poesía, congresos y otras variantes?
He participado en varios festivales gigantescos en distintos países del mundo; en muchos hay derroche de emociones. No todos los que participan son poetas propiamente dichos. En algunos de esos festivales, uno no es más que un espectáculo, participa una gran cantidad de poetas, tanta que se pierde la comunión, sólo es masa y, después (lo hemos comentado con otros poetas), queda la pregunta de la efectividad de la misma. Es muy difícil encontrar comunicación en esos ambientes. En muy contadas ocasiones he tenido contacto con personas que luego han dado frutos: algunos editores, algunos traductores o críticos serios. En otros países se celebran encuentros pequeños, con temas definidos, con público reducido, con diálogo abierto y directo, en donde ponen a prueba tus razones de presunto poeta. En estos encuentros es en donde he salido más beneficiado y enriquecido, he aprendido mucho.
Respecto de la comercialización de la poesía, ¿cuál es su actitud como poeta?
Hombre, yo me esfuerzo a mi modo; no soy poeta de altos vuelos. Soy una especie de vendedor ambulante a crédito, me explico: dejo mi palabra y el resultado, el fruto, lo busco después. Voy cargando mi propia palabra, mis libros no se distribuyen en grandes cantidades, las editoriales que me editan son pequeñas. Lo que me asombra es la magia que tiene la poesía, porque ella sola forma su cadena de lectores, incluso, en otros idiomas. Ya ves: yo no soy difundido por editoriales trasatlánticas, sin embargo, mi trabajo ha llegado lejos.
¿Le interesaría ser editado por una de esas editoriales trasatlánticas?
Para mí, las editoriales pequeñas han sido más efectivas, porque ellas apuestan, no para el presente, sino para el futuro; muchas de ellas son las que tienen en su archivo los grandes nombres que seguimos leyendo hoy. Afortunadamente, los poetas contamos con ellas, si no, ¿qué sería de nosotros? Las editoriales grandes muchas veces sólo sirven para sepultarte.
Han difundido bien sus libros, en varios idiomas. ¿Cuál es la diferencia entre eso y lo que normalmente se llama “poeta de altos vuelos”?
Creo que ha sido una suerte que esas editoriales me hayan tenido confianza o, mejor dicho, que hayan confiado en mi obra. Es importante dejar claro que mis lectores no son multitudes, pero los pocos que se han quedado con mi poemas los han hecho suyos. En realidad, la poesía camina sola. Tocando de puerta en puerta ha llegado a varios países del mundo, y es algo que agradezco a mis traductores, porque si ellos no hubieran hecho un gran esfuerzo por hacer suya mi palabra, quizá el efecto no fuera el mismo, pero eso no quiere decir ser alguien de altos vuelos.
¿Alguna vez ha sentido ese “miedo ante las palabras”?
Siempre he tenido miedo a la hora de escribir, en el sentido de no traicionarme, de no escribir forzado, y aprender a esperar el llamado de esa voz apenas audible de la poesía. Ese miedo es a que las palabras que voy a usar en un poema, aunque sean las más rudimentarias, debo usarlas con respeto para que no suenen vacías y que quede mi corazón en ellas. Una vez hilvanado el poema, siento cierta tranquilidad, que es lo que me ayuda a superar el temor inicial. Pero cada vez que comienzo a escribir me tiembla el corazón, me sudan las manos y vuelvo a sentir el temor de la primera vez.
Los escritores se quejan de que “es muy difícil publicar”, que “nadie lee”, que la poesía “no da…” ¿Cuál es su opinión sobre esto?
Me parece un error comenzar al revés. No todos tienen la suerte de ser publicados a las primeras de cambio; muchos hemos tenido que esperar, y lo que tiene que llegar, llega, si no, no. Publicar para ser leído suena presuntuoso, no debe ser uno quien busque lectores, es el libro el que los busca. Publicar para ganar dinero, qué absurdo. Recuerdo haber leído en alguna parte algo que dice: “La poesía no se vende, porque no se vende y punto”.
¿Vive usted de la poesía?
Yo no vivo de la poesía, pero la poesía sí me mantiene vivo.
¿Cuál es la verdadera razón de la poesía en un mundo asediado por el consumo y el mercado?
La poesía no debe su razón al consumo ni al mercado, según yo. Su razón viene desde la creación del tiempo, es inherente al ser humano. De allí que nunca ha sido producto de consumo de masas ni mucho menos publicitario. La poesía, más bien, ha sido susurrante, incluso aquellos que han coqueteado con ella y que luego se refieren a la poesía en tono despectivo, han sentido el despertar de la vida en un verso.
La poesía es un acto íntimo y sincero. A mí me ha dado las llaves de la libertad. Desde el fondo de mí mismo he sentido la necesidad de aferrarme a algo, y ese algo ha sido la poesía. No en vano se ha cultivado en todas las culturas, en todas las épocas y en todas las lenguas. La poesía nació antes que las religiones, es un credo individual y no hace proselitismo. No hay nada más espiritual que la poesía: sólo con ella puedo llegar a mis propias profundidades.
Esas profundidades del ser son oscuras. En su caso, ¿cómo las hace lenguaje claro?
Toda profundidad produce vértigos y es oscura. En mi caso, mi propia vida y mis raíces son esas profundidades, y no ha sido fácil para mí encontrar la manera de darle forma escrita a mis emociones. Me he hecho un lenguaje, he hecho acopio del habla de mi gente, la manera de cómo se expresa mi pueblo me ha servido de base. Soy un poeta tardío porque mi formación ha sido lenta. La sencillez de mi poesía se debe a que he tenido la necesidad de ser claro conmigo mismo para salir de las oscuridades de mis propios tormentos. Si me refugiara en un lenguaje hermético no podría encontrar esa libertad a la que me he referido.
¿Cuál es su opinión sobre la poesía del mundo actual?
No puedo convertir mi opinión en algo tan grande como sería abarcar el mundo. Mi opinión, en todo caso, se reduce a lo poco que conozco de cerca. Me parece que en la actualidad hay cierta confusión entre la mayoría de los jóvenes, por la cantidad de información que hay; muchos no saben qué hacer con esa avalancha, esto ha provocado que veamos cosas o leamos textos en los que no hay una definición de su sentido, al grado de que muchos han llegado a creer que todo lo que se hace y se escriba es poesía. Pienso que eso es abusar de la libertad del lenguaje; la poesía no es decir algo, sino tener algo que decir. Sin embargo, en medio de todo el barullo, también he encontrado propuestas interesantes, lo que, según mi parecer, le da salud a la poesía. También quiero referirme aquí a la irrupción que ha hecho en la poesía la participación de las lenguas minoritarias, las lenguas indígenas, no sólo de América sino de otros continentes. En nuestro caso es más lento, el peso de la colonia aún deja sentir su lastre. Nuestros ancestros tenían en alta estima la estética de la palabra, pero las nuevas generaciones mayas han descuidado la lectura de grandes libros como el Popol Wuj, Los cantares de Dzitbalche'… y esto los está convirtiendo en ignorantes de su legado.
A pesar de que su obra es bien difundida en el mundo, escritores guatemaltecos han dicho que sus poemas son demasiado fáciles. ¿Qué opinión le merece?
¿Qué quieren decir con eso de que “son demasiado fáciles”? Sé que mi poesía es sencilla y clara, y no creo que la sencillez y la claridad sean sinónimos de facilidad, ni que lo complicado o difícil sea sinónimo de calidad o de intraducible. Pero, además, son los traductores los que deberían responder a esa pregunta, ¿no creés? Lo único que puedo decirte es que, a mí mismo, cuando estoy tratando de trasladar del k'iche' al castellano o viceversa, a pesar de ser el autor no me ha sido fácil, he tenido que reelaborar en algunos casos mis textos en alguna de estas lenguas. Creer que hacer un poema sencillo es fácil, sólo puede decirlo alguien que no lo ha hecho, o como diría Brendan Behan: “Los críticos son como los eunucos del harén: saben cómo se hace y ven cómo lo hacen otros a diario, pero son incapaces de hacerlo”.

Juan Carlos Lemus
In: "Revista D", Semanario de Prensa Libre, 2004

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Ak’abal: “No, gracias”
El poeta explica por qué rechaza el Premio Nacional de Literatura


Humberto Ak’abal, hace ya tres años que escuchó por primera vez que se le quería proponer para el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias”. Desde entonces, afirma, expresó que no estaría dispuesto a recibirlo.
Hace dos años, de nuevo otra persona le dijo directamente que lo propondría, pero él le respondió: “Yo no voy aceptar ese premio”.
De manera que para el autor de “Poems I brought down from the mountain”, entre otros más de 15 títulos, su rechazo al premio no es nada nuevo.
En la siguiente entrevista explica el porqué y otros detalles de su declinación.
¿Cuál es la razón de no aceptar el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias”?
“Para mí es una cosa sencilla. Es un premio que tiene dos nombres: se llama Premio Nacional y eso ya es un nombre, y luego, el otro nombre es “Miguel Ángel Asturias”. Te digo la verdad, cuando yo conocí la tesis de Miguel Ángel Asturias, “El problema social del indio”, a mí me lastimó muchísimo.
Él con esa tesis ofendió a los pueblos indígenas de Guatemala y yo soy parte de esos pueblos, por lo tanto, no me siento honrado en recibir un premio con el nombre del Premio Nobel, aunque tenga muchos méritos. De alguna manera esa tesis fue hiriente. Por lo menos para mí”.
¿No resulta hepático pelear contra una tesis escrita hace tantos años? Porque, además, pareciera que actualmente hay una etapa superada en asuntos de racismo.
“Bueno, yo creo que hay que ser un poco claro en este sentido también. No quiero que se entienda de que estoy acusando a Miguel Ángel Asturias como el responsable de todo el racismo en Guatemala.
Pero una cosa sí es cierta: que ese es un tema todavía. Realmente esto es bastante latente, se nota en el interior (del país), se siente en algunos lugares. Sería bueno que en las escuelas, los maestros tuvieran cierta orientación para ir educando a los estudiantes para superar ese lastre. De que esté superado, yo no lo creo”.
¿Significa este rechazo que su visión de la poesía está estrictamente ligada a un asunto étnico?
“No, de hecho, es exactamente lo contrario. Si yo estuviera ligado en poesía a una cuestión étnica, entonces no traduciría yo mismo mis poemas al español. Al contrario, yo mismo los traduzco, justamente para hacerlos accesibles. No soy radical. Creo en la igualdad de capacidades, creo en el humanismo. Yo me autotraduzco para hacer accesible al otro, y con todo respeto, por supuesto”.
¿No es, acaso, delicioso rechazar un premio?
“A lo mejor”.
Humberto, ¿no habrá cierta molestia suya con la elite mestiza actual?
“Bueno, como no me relaciono con ellos, no tengo por qué hacer generalizaciones en ese sentido, cometería un error estúpido en este caso. Yo me refiero a las cosas que se dan en forma cotidiana, en un café, que de pronto te dicen alguna cosa. Esto no es un mensaje para cierto grupo en particular, pues no se da solamente dentro de los medios elitistas, para utilizar la misma palabra, dentro del mismo gremio literario por más intelectual que se llame, que alguno que otro reaccione haciendo aflorar su racismo, esta es una cuestión que no tiene que ver con cierto grupo cultural específico”.
Usted, ¿no es racista?
“Yo digo que no...”
A la fecha, ¿cuántos premios ha recibido en el extranjero?
“Pues no son muchos, dos nada más, el Premio Internacional de Poesía Blaise Cendrars (1997) de Suiza y el continental Canto de América, otorgado por la Unesco en México”.
Esos premios, ¿no fue difícil aceptarlos?
“No”.
¿Por qué?
“Sencillamente porque no hay nada que me haga sentir incómodo en ese caso. Sobre todo el de Suiza, es por un poeta suizo que se circunscribió a dar una visión del mundo y fue el primero que tradujo muchas obras de la literatura negra al francés para darla a conocer a los europeos. Es un poeta abierto totalmente y en el caso del premio que me concede la Unesco, es un reconocimiento al esfuerzo que uno hace y en este caso no tiene ningún nombre comprometedor porque se llama Canto de América, y no tengo ningún reparo contra esto”.
¿Cómo reaccionaron quienes lo designaron ganador del premio?
“Ese es otro asunto también un poquitito molesto, porque todo mundo sabía que se me había asignado el premio pero yo no recibí la notificación sino hasta el 13 de enero, y la nota estaba con fecha 3 de diciembre del año anterior. Así que un mes después me entero yo formalmente. Me lo mandaron vía fax, así que no hablé con nadie. Me lo mandaron por escrito, y por escrito les he participado mi declinación”.
¿Quién lo propuso?
“Los de la Academia de Lenguas Mayas. Creo que por cortesía ellos hubieran tenido la gentileza de preguntarme antes, pero no lo hicieron. No tengo ninguna relación con ellos en este sentido. Como escritor no estoy relacionado con las a academias, porque éstas siempre están sirviendo de árbitro para el lenguaje y el escritor tiene que ser libre para escribir como sienta y como piensa”.
¿Cuál es su apreciación general de los premios en Guatemala, particularmente el “Miguel Ángel Asturias”?
“Depende del ángulo en que uno quiera verlo. En general yo creo que si has trabajado con honestidad, yo creo que sí tenés derecho y mere W?


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GLI ANIMALI NELLA POESIA DI HUMBERTO AK'ABAL

di Emanuela Jossa


Nel Popol Vuh, antico testo maya che racchiude la cosmogonia, i miti e la storia del popolo k'iché, si racconta che gli dei creano gli animali perché non regni più il silenzio sulla terra, e perché siano rivolte loro preghiere di ringraziamento. Quando si rendono conto che gli animali emettono suoni ma sono incapaci di pregare, di adorarli, gli dei li puniscono duramente, condannandoli ad essere alimento per quegli esseri, gli uomini, che finalmente saranno capaci di venerare i loro creatori. Ciò che differenzia gli animali dagli uomini di mais sembra dunque essere la capacità di esprimersi attraverso la parola, che qui rappresenta l'idea della coscienza, della razionalità e, non ultima, della religiosità.
Tuttavia, in un successivo episodio del Popol Vuh sono proprio gli animali ad aiutare gli dei, indicando loro il luogo in cui possono trovare le pannocchie per plasmare l'uomo di mais; e nel Memorial de Sololá, altro testo mitico-storico degli antichi maya, il coyote ed il corvo accompagnano gli dei, mentre uno sparviero porta loro il sangue del tapiro e del serpente perché lo impastino con il mais: ciò significa che non solo gli animali partecipano alla creazione aiutando gli dei, ma offrono il proprio sangue, l'energia vitale agli esseri umani. E in tutti i miti narrati nel Popol Vuh gli animali collaborano con gli dei, gli eroi e gli uomini.

Questi episodi non solo riscattano gli animali dalla presunta inferiorità cui sembravano essere stati condannati durante la genesi, ma stabiliscono un rapporto d'interdipendenza tra mondo naturale e divino, da un lato, e tra mondo naturale e umano dall'altro.
Una delle componenti costitutive dell'antica cosmovisione maya e dell'etica che ne deriva è dunque il principio di reciprocità tra l'uomo e tutti gli altri esseri, siano essi gli dei, la terra, l'acqua, le piante, gli animali, i vulcani... Il cosmo si presenta come un tutto armonico e ordinato, e questa unità sostanziale genera un vincolo intimo e profondo tra tutte le parti, che sono quindi in perenne comunicazione.
Nel Popol Vuh, gli uomini di legno (seconda generazione di esseri creati, ancora imperfetti) verranno puniti da una rivolta di animali e oggetti che li accusano di essere trattati come cose senza sentimenti: l'errore compiuto è quello di non saper riconoscere la spiritualità del mondo circostante, ritenere la sensibilità una prerogativa esclusivamente umana. L'uomo maya, invece, è depositario di un'etica che annulla qualsiasi tentazione di dominare in modo dispotico e violento ciò che lo circonda, consapevole che niente e nessuno può collocarsi fuori dalla natura.

L'incapacità di pregare attribuita agli animali può essere allora letta in modo inverso, e cioè come incapacità degli imperfetti dei del Popol Vuh di ascoltare un linguaggio che non sia necessariamente quello delle parole. Nella visione maya, il linguaggio (e poi la poesia) è solo una delle forme possibili del dialogo tra tutte le parti del cosmo. Questa idea è presente nella grammatica stessa della lingua k'iché, la lingua del Popol Vuh ma anche una delle venti lingue parlate dalle popolazioni maya che attualmente vivono tra il Guatemala e il sud del Messico. Ed è la lingua del poeta maya k'iché Humberto Ak'Abal. Scrivere in quiché significa innanzitutto condividere e comunicare una visione del mondo costruita con quel linguaggio: se la natura si esprime attraverso i suoni, questi sono accolti nei versi sotto forma di onomatopee, che vengono a significare rivendicazione di identità e affermazione della possibilità di comunicare profondamente l'essere della natura.

Nella visione poetica di Humberto Ak'abal, e della cultura maya, tutte le creature sono animate dalla necessità di esprimersi, di essere comprese e consolate in una vita che è parte di un processo continuo di trasformazione che manifesta la sua armonia ma che include anche la morte. La reciprocità si mostra proprio in questo forte sentimento di condivisione tanto dell'allegria quanto del dolore. Il turbamento suscitato dalla morte è espresso con una forte carica di emotività manifestata dagli animali, dagli oggetti di uso quotidiano, dalle montagne. Molte poesie sono infatti costruite intorno a sentimenti di smarrimento, paura, dolore, tristezza, (Lamento, Cuando el tecolote canta) ma queste emozioni appaiono condivise da tutti gli elementi dalla natura, e proprio questa profonda e immediata condivisione permette di superare quelle emozioni, di ritrovare la bellezza e sentire dentro di sé la poesia del mondo.
Così, il fuoco consola il legno che brucia (El fuego), la luna rassicura il bambino (Regaño). Sentirsi parte di un universo permette di superare l'angoscia della frammentazione. La creatività poetica, allora, diventa capacità dialogica, propensione all'incontro e alla percezione di atti comunicativi che non passano necessariamente per la parola. La forza dell'onomatopea risiede precisamente nella sua origine sonora, e quindi nell'unità tra suono e identità: "dire il nome degli uccelli è cantare con loro", dice Ak'Abal.

Gli animali in k'iché non sono designati dalla parola, ma sono cantati con il suono che è il loro nome: tu'kur, il gufo, xi'r, il grillo, sotz, il pipistrello... Il poeta riproduce gli accordi della natura (Canto de pájaros, Xi'r -x'ir, lol - lol) o crea paesaggi suggestivi che riflettono poeticamente il principio di reciprocità, ma non come idea precostituita, bensì come esito di un'esperienza vissuta profondamente a contatto con la natura. Dalla intensa contemplazione della natura si passa al sentimento della natura, trasmesso attraverso la poesia che, con un uso sapiente della parola e del suono, ristabilisce la contemplazione restituendola poeticamente al lettore.
Gli animali, così come altri elementi della natura, non sono mai oggetto di un'osservazione esteriore, ma parte di uno spazio condiviso, figure di un paesaggio fortemente comunicativo e dinamico. Il movimento è dato proprio dai processi di scambio instaurati tra il modo animale e quello delle piante, degli uomini, della terra; un processo che unifica e trasforma (non solo metaforicamente) la realtà (Los atardeceres, La joroba). Non è più solo l'uomo a imporre il suo essere fisico sul mondo, attraverso processi di antropomorfizzazione, ma accade anche il contrario, sono le montagne, i laghi, gli animali, gli alberi a comporre l'immagine dell'io e della comunità indigena. Se la casa assume aspetti della morfologia umana, l'uomo d'altra parte trova la sua identità profonda nella corrispondenza con il mondo animale, vegetale e tellurico. La sensazione che suscita l'uso della metafora nella poesia di Ak'bal è proprio quella di un percorso di andata e ritorno, base di una reciprocità e di una comunicazione in perenne movimento.

Reciprocità e dinamismo sono dunque alla base dei continui processi di trasformazione degli esseri che formano la natura. E proprio da questa intimità profonda nasce il NAWAL, spirito protettore e compagno dei maya. Quasi sempre si tratta di un animale che nasce con il bambino e conduce con lui una vita parallela; e viceversa, ogni animale ha un essere umano che gli corrisponde e che quindi soffre e gioisce con lui. Attraverso il nawal la relazione con la natura diventa ancora più concreta e tangibile: se la natura, nella sua interezza, per i maya è il tutto e quindi l'identità, l'essere, gli animali sono i compagni e quindi la vita, l'esistere.

da: www.filidaquilone.it
luglio/settembre 2006
Humberto Ak'abal è nato a Momostenango (Totonicapán, Guatemala) nel 1952, dove tuttora vive e lavora. La sua prima raccolta poetica, "El animalero" (Guatemala 1990), ha avuto un immediato successo di pubblico e di critica ed è arrivata alla terza edizione nel 1994. Una fortuna ancora maggiore ha avuto la seconda raccolta, "Guardián de la caída de agua" (Guatemala 1993), ripubblicata in Guatemala nel 1994 e nel 1996, e accolta con grande interesse in altri paesi latinoamericani e in Europa.... humberto-akabal-2